Rusia, Israel y Estados Unidos compiten por burlarse y pisotear el llamado “derecho internacional”, la soberanía de otros pueblos y cualquier apariencia de legalidad.
Masacres de civiles, cometidas sin pudor ni límites, no por organizaciones terroristas, sino por ejércitos regulares: en Bucha y en Gaza.
En muy poco tiempo ha quedado desmentido todo el edificio retórico de los “buenos” y los “justos”.
Todo aquello de lo que durante ochenta años se acusó a los derrotados de la Segunda Guerra Mundial —erigidos en el “mal absoluto”— ha sido llevado a cabo, y sigue siéndolo, por quienes se autoproclamaron “liberadores” y por sus epígonos, sin siquiera intentar ocultarlo.
¿Los defectos del mal absoluto? Todos. ¿Las virtudes que, en cambio, heredaron de aquellos vencidos? Muy pocas, diría yo, y decirlo así es ya un eufemismo.
El tiempo es un juez implacable. Hoy todo resulta claro, incluso para quienes preferirían no admitirlo
¡Gracias!

