Se celebró en la Provenza el undécimo encuentro estival de los Lansquenetes de Europa.
Quienes creemos en los signos, tanto en los de las palabras como en los de las cifras, sabíamos bien que no se trataba solo del undécimo encuentro, sino también del primero de la segunda decena, lo que indica un cambio de etapa.
Precisamente en el momento de la apertura nos dejó nuestra Alix
tras una larga y durísima batalla contra una serie de enfermedades. Resistió hasta el mismo comienzo de nuestro encuentro para partir en comunión con nosotros y bendecir así el inicio de nuestra segunda década.
Naturalmente, tanto su presencia como su partida marcaron esta edición.
La misma noche de su fallecimiento, el 23 de julio, encendimos una vela y la acompañamos con nuestro canto. Al clausurar el campamento, después del arriado de la bandera, celebramos otra ceremonia que relataremos al final de esta crónica.
La bandera fue izada a media asta.
Después dio comienzo nuestro encuentro.
Para quienes nunca hayan estado en la Provenza
reproducimos un fragmento del documento de bienvenida que puede ayudar a imaginar de qué se trata.
Lo extraordinario, en el sentido de aquello que se sale de lo ordinario, es que nos entendemos sin hablar la misma lengua.
El regreso a lo esencial constituye el punto fuerte de nuestros encuentros en la Provenza.
Consideramos que está en marcha una revolución silenciosa que, en gran medida, incluso se desconoce a sí misma. Sin embargo, queremos y podemos acompañarla si mantenemos un espíritu sereno y dejamos de ser prisioneros de los reflejos condicionados. Conviene decir que esos reflejos se han ido rindiendo cada vez con mayor frecuencia durante los últimos años, aunque todavía no sea suficiente.
Lo verdaderamente importante es, precisamente, la recuperación serena de lo esencial y un estilo de vida y de pensamiento que la acompañe y nos permita innovar, actualizar nuestra acción y confrontarnos sin miedo con quien sea, sin ceder un solo milímetro en el terreno de los principios que nos inspiran.
Como cada año, el encuentro se desarrolló por equipos
formados de manera mixta en cuanto a sexo, nacionalidad y edad.
Los cuatro equipos hacen referencia cada año a figuras —históricas o simbólicas— diferentes.
Este año hemos elegido a varios caudillos de la Edad Moderna.
El equipo GRIS estuvo dedicado a Matias de Albuquerque (1580-1647), nacido en el Brasil portugués y activo en las guerras de Restauración de la península Ibérica.
El equipo AZUL estuvo dedicado a Turenne, o Henri de La Tour d’Auvergne (1611-1675), militar francés que participó en la Guerra de los Treinta Años.
El equipo ROJO estuvo dedicado a Ambrogio Spinola (1569-1630), caudillo genovés que sirvió en las tropas españolas durante la guerra de Flandes.
El equipo BLANCO estuvo dedicado a Wallenstein (1583-1634), caudillo alemán del Sacro Imperio Romano Germánico.
Todas las mañanas, sesión de Chi Kong y, en los momentos libres, práctica de Tai Chi con bastón.
Antes de resumir el desarrollo de los torneos, detengámonos en los temas tratados durante los momentos de reflexión y de intercambio
En primer lugar, se habló de las oportunidades y de los desafíos derivados de los cambios que se están produciendo en los ámbitos social e internacional.
Después, mediante un proceso de mayéutica, todos fueron conducidos hacia una perspectiva positiva y una visión esperanzadora del futuro.
Por último, a través del tema de la Remigración, se expuso el conjunto de trampas y manipulaciones llevadas a cabo por falsos amigos, provocadores profesionales y agentes enemigos, así como la necesidad de actuar con autonomía, lucidez y conciencia.
Se concluyó que antes de finalizar el verano redactaremos un documento político que expresará los criterios fundamentales para navegar por un mar sembrado de minas, procurando evitarlas, pero sin dejar de navegar y sin entregar el timón a los falsificadores.
Particularmente elogiosas, e incluso en parte sorprendentes
fueron las intervenciones de quienes participaron en la mesa redonda del sábado. Personas que no representan únicamente a sí mismas, sino también a estructuras capaces de movilizar e influir sobre varios miles de personas.
Desde Francia, España, Italia, Grecia y Portugal, las respuestas a la pregunta: «¿Para qué han servido los encuentros anuales en la Provenza y los Lansquenetes?» fueron realmente esclarecedoras y, en cierto modo, entusiasmantes. Por muy singular y difícil de definir que sea nuestro papel «mercurial», quienes se acercan a él no solo lo comprenden, sino que lo hacen suyo y lo transmiten, hasta el punto de corregir muchas actitudes incluso sin ser plenamente conscientes de ello.
Llegaron también mensajes o informes desde Polonia, Suecia, los Países Bajos (muy interesante) y Argentina.
Las competiciones celebradas fueron:
- Petanca.
- Lanzamiento de hacha.
- Composición literaria.
- Trivial Pursuit.
- Adivina el personaje.
- Pulsos.
- Futbolín.
La clasificación final fue la siguiente:
Wallenstein (Blancos): 36 puntos.
Spinola (Rojos) y Turenne (Azules): 30 puntos.
Albuquerque (Grises): 21 puntos.
Pero lo más significativo del encuentro fue la presencia de la jovencísima rapaz Cleo
que fue puesta en vuelo. Un homenaje a la cetrería, a Federico II, su mayor maestro, pero también a la Provenza, ya que, de algún modo, Cleo es incluso hija de esta tierra, pues su cetrero se encontraba allí el año pasado cuando recibió la noticia de que el ave estaba lista para ser recogida, cosa que hizo durante el viaje de regreso.
Una vez arriada la bandera, dedicamos un homenaje más solemne a Alix
Encendimos una vela y dos llamas, desplegamos la bandera como un gallardete y formamos un semicírculo con antorchas.
Pronunciamos muy pocas palabras, poniendo el acento en las que dedicamos a Alix: Honor y Fidelidad.
Cantamos.
Le dedicamos un compuesto: ¡Presente!
El tiempo era malo; había riesgo de tormentas y granizo, pero quisimos mantener la ceremonia a toda costa. Cuando encendimos la vela, se vio un único relámpago. Cuando la canción dedicada a Alix, Les oies sauvages, habló del «orage» (tormenta), se oyó un único trueno. Y cuando, después de recogerlo todo, regresamos al interior, en el mismo instante en que cruzábamos la puerta comenzó a llover a cántaros. Como si el cielo hubiera esperado para respetar nuestro recuerdo.
La próxima edición, la duodécima, tendrá lugar desde el jueves 22 de julio hasta el domingo 25 de julio.
Organizaos desde ahora, sin dejarlo para más adelante, porque será una edición importante.
