Un corolario a lo escrito ayer sobre la cooperación entre Rusia, Estados Unidos e Israel en la crisis hispano-marroquí.
Hemos mencionado la financiación de la derecha gubernamental estadounidense a Marruecos para la conquista de Ceuta y para lograr el sabotaje de las cooperaciones energéticas entre las dos orillas.
Hemos recordado cómo este último objetivo constituye una prioridad para Israel.
¿Y Rusia?
Hemos señalado que la crisis de Ceuta fue precedida por la cesión repentina de 30.000 toneladas de gasolina a Rusia.
¿Una coincidencia?
El otro día se descubrió la existencia de un sistema de túneles subterráneos destinado a introducir migrantes desde Bielorrusia hacia Polonia.
La Comisión Europea, que desde hace algún tiempo ha modificado su actitud hacia los flujos migratorios, había declarado estar preocupada por que Moscú utilizara a los migrantes como arma, empujándolos hacia Europa.
En realidad, esto no es una sorpresa. Desde que los rusos adquirieron influencia en Níger, impusieron que se derogara la ley que castigaba a los traficantes de personas; lo que reactivó las migraciones subsaharianas que habían sido reducidas por Macron, quien precisamente había impulsado la introducción de esa ley.
El tráfico de personas hacia el norte atraviesa zonas donde están presentes los rusos, como Sudán, y normalmente desemboca en el Mediterráneo a través de Libia, desde la zona controlada por Haftar, el actor respaldado por Estados Unidos al que los rusos también apoyan.
Lavrov y Putin han repetido en varias ocasiones que favorecerían las migraciones africanas para castigar a los europeos por el colonialismo y para llevarnos al grado supremo de civilización definido por ellos: el mestizaje.
En Ceuta no irrumpieron únicamente marroquíes, sino también numerosos subsaharianos y africanos de diversas procedencias. En las entrevistas televisivas se pudo observar una presencia predominante de sudaneses, pero también la presencia de etíopes, ciudadanos de un país que mantiene relaciones particulares con Rusia.
Que quede claro que sostener que se trata de una operación rusa sería erróneo, dado que se trata evidentemente de una operación estadounidense, a la que los rusos se han —como de costumbre— prestado con gran satisfacción. Y es una operación que agrada a Israel.
Asi es.
Dejo a quienes disfrutan alineándose en equipos de pequeños orcos la tarea de establecer contra quién creen estar combatiendo, mientras siguen sirviendo al mismo amo y se pierden.

