lunedì 26 Febbraio 2024

Es la hora de actuar

Pero todos deben tomar la iniciativa.

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La acción, en el complejo mundo de hoy, es o articulada y completa, o simplemente un agitarse. Incluso cuando conduce a algo, no es más que oportunismo, algo muy diferente al pragmatismo, que es el arte de avanzar ideas en todos los niveles, al servicio de ellas y no utilizándolas como un comercio de tendencias para la escalada del propio ego y cartera.
Pragmáticamente, el ego debe ponerse al servicio de lo que puede modificar, incluso de manera imperceptible, el curso de las cosas. A esto le he dedicado mi publicación más reciente, que se puede ordenar en: https://edicionesfides.es/producto/desafio-al-futuro-gabriele-adinolfi-y-los-lansquenetes-de-eurtopa/

Sostengo que los movimientos, los grupos políticos, las comunidades, tienen al mismo tiempo un importante valor conservador y la capacidad de concentrar una masa crítica de la cual extraer para operar en diversas transversalidades, en diferentes niveles; siempre y cuando se abandonen el egoísmo y la ambición de dominar a las personas con las que se interactúa y lo que se produce, y se llegue a la sabia felicidad de ser totalmente desinteresados.

En cuanto a los partidos políticos de masas, no tiene sentido abordarlos a través de estacas ideológicas o pretender ser representados por ellos, en una forma de fanatismo ciego. Los partidos pueden contribuir mucho a mover las cosas, pero mucho depende de quién, desde adentro pero sobre todo desde afuera, aporta nuevos impulsos. En cualquier caso, ningún partido puede asumir realmente el poder hoy, porque es mucho más complejo que antes, y es un entramado de cabildeo y poder profundo que no depende de las instituciones. Solo actuando prioritariamente en la creación de nuevos poderes se pueden modificar verdaderamente las cosas, independientemente de los partidos en el gobierno.

Esto significa que debemos abandonar las expectativas que no dependen de nosotros, de nuestro compromiso concreto. No podemos depender de otros para que hagan el trabajo por nosotros. Por lo tanto, no hay líder o partido que sea suficiente, no hay comunidad o grupo que sea suficiente, y especialmente no hay una formación rígida y pura que tenga sentido. Lo que cuenta es nuestra disposición a actuar, construir, crear y comunicar.
Una revolución que parte de las pequeñas cosas, especialmente de la comunicación, en la que debemos aprender a actuar como repetidores, como propagadores y no como terminales de información para juzgar desdeñosamente desde el sofá. Pequeños cambios positivos tienen efectos significativos.
¡Feliz año nuevo y que nos vea humildes y activos!

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