sabato 15 Giugno 2024

No debemos sufrir de vértigo

Debemos tener el coraje de subir en lugar de ser una de las facciones en el barro.

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Recientemente he sostenido que sufrimos la propaganda hipócrita, victimista y mentirosa de los poderosos, hijos de la globalización, que son auténticos parias.

También he afirmado – y documentado – en varias ocasiones que las “disputas” entre rusos y estadounidenses, entre la OTAN y Moscú, son en cierta medida una burla.
Los vínculos entre ambas partes son muy estrechos, comenzando por el armamento, continuando con los programas espaciales y, sobre todo, en el reparto de cuotas de gestión de la geo-energía-economía mundial. No es un detalle menor que en Siria, las acciones sean coordinadas telefónicamente entre los dos ejércitos. Esto no fue revelado por un “conspiracionista”, sino por el propio Lavrov.
Esto no significa que entre ellos no haya las debidas rivalidades en la complicidad, como ocurre en cualquier empresa.

Es improbable que las rivalidades terminen prevaleciendo e incluso degenerando, pero no es imposible que determinen efectos colaterales diversos (armamento, resurgimiento de temas patrióticos, cambios culturales) que, como tales, y no ciertamente en la ilusión histérica de que revolucionen el mundo, deben interesarnos mucho.

He llamado continuamente la atención con el fin de estar presentes a nosotros mismos y dejar atrás las categorías del antagonismo, que solo tiene la función de consolidar siempre y en todo caso el poder; he exhortado a superar el dualismo, a no confundir las visiones ideales con el fanatismo y a escapar de la hipnosis cotidiana.

¿Significa esto que predico la neutralidad y no tomar partido?
En absoluto. Significa algo completamente diferente
.

Como intenté explicar en “1984 sei tu”, todo lo repugnante que hoy sufrimos o creemos sufrir no es que en parte obra de los gestores del poder, sino que es sobre todo la expresión del vientre caótico e informe de esas plebes que son el producto de la desintegración de los cuerpos sociales, deseada ideológica y espiritualmente por algunos pero también determinada por las circunstancias.
Por lo tanto, culpar a Soros de turno es una pérdida de tiempo.
Hablamos de plebes atomizadas que son maleducadas, carentes de estilo, alejadas de la metafísica (incluso de un tipo materialista, ya que, paradójicamente, existe una), de la disciplina, de la jerarquía. En otros términos, plebes alejadas de la Verticalidad.

¿Ha sido la Verticalidad derrotada, al menos por el momento, por la Horizontalidad? No del todo, porque esta horizontalidad que se traduce en la ley del número, por la cual cada cosa vale cada cosa ya que todo es cualitativamente relativo, ha expresado una inevitable caída en picado, una Contraverticalidad.
La naturaleza teme al vacío, y era inevitable que terminara así. Así que hoy la locura woke y el delirio de género están imponiendo una escala inversa de valores e incluso de principios, y no podría ser de otra manera cuando, frente al desencadenamiento de la materia, la energía y la técnica, no hay una centralidad espiritual, cultural y existencial que funcione como eje alrededor del cual gira la rueda.

Evitar dejarse arrastrar por el fanatismo histérico eligiendo un supuesto “mal menor” que debería revolucionar el sistema (suponiendo que alguien sea capaz de definir qué se entiende por sistema), no significa actuar como un banquero suizo, sino consolidarse, nutrirse cultural, conceptual, existencial y también espiritualmente, para convertirse en SUJETO en una era en la que, por su naturaleza, todos los verbos se conjugan en pasivo y no prevén más que COMPLEMENTOS DE AGENTE.
Pensar y vivir en activo y no en pasivo será una revolución, y a esto, ante todo, debemos aspirar.

Focalizarse en uno mismo, en su propio pueblo, en su propia civilización, para regenerar su propio entorno de vida y para regenerar juntos Europa: solo esto puede interesarnos.
Insertando la Verticalidad.

¿Cómo se hace?
Se hace empezando por no ceder más a los propios rencores, a las propias frustraciones, para dejar en cambio espacio a la feliz voluntad creativa. Con estilo, disciplina, respeto, educación y con el redescubrimiento de la jerarquía, la verdadera, no la de la banda.

La Horizontalidad, después de haber desvirtuado la calidad y la forma, ha dado lugar a un vórtice de corrosión, en el cual la gente, ya no unida, cohesionada o representada, ha sido reducida a un conjunto de átomos enloquecidos y cerebros hipnotizados que han terminado proporcionando más energía a la fuerza corrosiva que impera. En nuestras actitudes en la red sociál y con nuestro fanatismo obtuso y ácido, todos somos agentes de corrosión.

Lo que falta, en esencia, es una élite que se haga cargo de una tarea de civilización y que vuelva a proponer una representación popular que permita a la gente dejar de ser únicamente objeto de las decisiones de unos pocos.

Pero de esto se trata, no de lo que delira la derecha terminal que pasa su tiempo definiendo a los malos y al mal (además equivocándose a menudo) para contraponerles posibles buenos o virtuosos (equivocándose siempre y teniendo que mentirse regularmente para no admitir que estos últimos no solo no son mejores, sino que a menudo son incluso peores que los primeros).

Al hacerlo, es deshonesta y mezquina. Todo es horrible si lo hacen los “enemigos” y todo es justo si lo hacen los “amigos”. Peor aún: cualquier crimen “amigo” que se llegue a conocer es necesariamente una mentira del “enemigo”.

Esto es inaceptable porque no se puede luchar en defensa de ignominias, no se puede sostener que el fin justifica los medios, sino que siempre se debe recordar el precepto legionario según el cual siempre se debe recorrer el camino del honor y negarse a recorrer, o a avalar, otros por embriaguez de éxito. Solo la vulgaridad de la plebe, que es sustrato de tiranía, aversión a la forma, a la calidad, al orden y a la luz, puede inducir a hacer lo contrario.

Hubo un eslogan de Marine Le Pen y de Salvini que contenía en sí todo el valor incapacitante posible y que contribuyó a fomentar esta mediocridad.
Partiendo del postulado bastante burdo, pero no del todo inexacto, según el cual las élites están contra los pueblos, lanzaron la consigna “El pueblo contra las élites”.

Sin siquiera darse cuenta de que, a lo que definen como sistema, ellos han opuesto distraídamente precisamente la lógica, la esencia, la falta de forma, los lamentos y los desechos de los intestinos que son la base de esta época servil, carente de lucidez y dignidad.

En lugar de proponer una revolución de las élites para producir el advenimiento de una nueva Verticalidad y de una nueva organicidad, han logrado concebir una aberrante exacerbación de la Horizontalidad, en la que ya no hay nada elevado.

Como si se pudiera imaginar una asamblea humana sin élites o, peor aún, se quisiera realizarla para complacer la envidia de aquellos que nunca podrían formar parte de ella por falta de calidad y, al ser incapaces de elevarse, quieren arrastrar a todos hacia abajo.

Probablemente era solo un eslogan electoral, pero el problema es que esta lógica tan democrática – en el sentido deletéreo del término – y este odio a la forma y a la superioridad son predominantes hoy en las derechas terminales que prefieren parecerse a los gusanos en lugar de a las águilas.
La re-volución – que no puede partir de un gueto ni limitarse a un gueto – debe ir en otra dirección, con otra mentalidad, con otro estilo y preparando un nuevo PROTAGONISMO.

No debe ser una mala copia de la envidia social y del odio infeliz de memoria comunista.

Debe tratarse de un protagonismo del pueblo, un protagonismo de comunidad, un protagonismo de personas, no de un exhibicionismo, un arribismo o un oportunismo de nuestra parte.

Nosotros, al contrario, deberíamos expresar ejemplos que, por contagio, impacten a nuestro alrededor.

Incluso aquellos de nos otros que hacen política en el sentido clásico deberían comportarse así en lugar de promoverse a sí mismos.

Debemos tender no a avanzar nosotros, sino a hacer avanzar a nuestros pueblos.

¿Tengo una idea de cómo? Lo he aclarado de manera más detallada en “Desafío al futuro”, Fides, 2923, y en la filosofía de vida de los Lansquenetes de Europa.

Entender esto al menos nos permitirá también razonar mejor, y sobre todo con mayor dignidad, respecto a los escenarios conflictivos en curso y nos evitará expresar “antagonismos” desordenados, estúpidos y vulgares, actuando como un elemento catalizador del sistema psicológico y narrativo dominante, como se ha estado haciendo durante mucho tiempo mientras nos ilusionamos, mintiéndonos, de ser “irreducibles”.

Una caída mortificante respecto a décadas de vanguardia, un mal hábito al que se deberá poner fin lo antes posible.

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